Herramientas para la equidad: renta básica

Por Juantxo López de Uralde, Carmen Ibarlucea y José Manuel Zúñiga 

Permitan que antes de comenzar volvamos nuestros ojos a las propuestas de Pierre Rabhi en ese libro delicioso y propositivo que  es “Hacia la sobriedad feliz” y que compartamos nuestro deseo de hacer realidad la aseveración de sus primeras paginas “la vida sabe a milagro”, y ahora sí,  hablemos de Renta básica universal o de ciudadanía. Porque queremos dejar asentadas dos cosas, la primera es que todas las personas, para ser felices, necesitan un proyecto vital que las levante y las sostenga cada día. La segunda, que todas las personas tenemos en nuestra primera infancia, antes de ser alertadas por la educación o las experiencias negativas de la vida, una tendencia natural a la empatía.

Somos conscientes de que no suelen juntarse en los mismos libros, la psicología humana y los balances económicos, lo que nos parece un grave error. Un error de perspectiva, un error de calculo y un error que da pie a seguir viviendo en un mundo donde millones de personas no logran saborear en plenitud el milagro que es la vida.

Ser pobre es humillante. Es algo que aunque no se haya experimentado, se sabe. Desde hace siglos la pobreza se vive como un estigma social, como el castigo por una culpa que nadie alcanza muy bien a comprender o a definir. Se es pobre por ¿vaguería? ¿falta de inteligencia? ¿vicio? Si lo analizamos bien, la pobreza es el estado más generalizado entre la población humana. Las estadísticas con que nos alimentan lo confirman. Nuestro país, según el Informe sobre desigualdades en España 2015, coordinado por Luis Ayala profesor de la Universidad Rey Juan Carlos, es uno de los más desiguales de la UE, ocupando un tercer lugar detrás de Bulgaria y Letonia.

Una vez perfilado el escenario, es ineludible la pregunta ¿hay solución?  Para nosotras la respuesta esta en la renta básica universal o de ciudadanía. Un ingreso pagado por el estado, a todas las personas por igual, sin tomar en consideración si se es rico o pobre, y sin importar con quien se conviva.  Un ingreso que va a garantizar, en medio de esta economía del despilfarro (las obras innecesarias, los sobresueldos, las dietas, la compra de armas por si acaso) que todas las personas tengan un mínimo desde el que partir, un soporte para sus necesidades básicas de casa y alimentación, tal como sucede con la sanidad o la educación.

Es posible hacerlo y esta más que calculado por parte de grupos de economistas de todo el mundo. No hay que producir más, hay que repartir mejor. Es necesario una reforma de la fiscalidad que grave los Paraísos fiscales y las sociedad de inversión de capital variable (SICAV) en lugar de premiarlas,  pero además al implementar la RBU dejamos de necesitar los subsidios y optimizamos el trabajo del funcionariado que ahora se dedica a perseguir y controlar a los solicitantes de subsidio, y podrá dedicarse a perseguir el fraude fiscal, que es la verdadera estafa que sufrimos la mayoría.

El capitalismo desde sus cimientos en “La Riqueza de las Naciones” de Adam Smith, nos advierte: “no es de la benevolencia del carnicero o del panadero que esperamos nuestra comida, sino de la consideración que ellos hacen de sus propios intereses. Apelamos, no a su sentido humanitario sino a su amor por ellos mismos” y sin embargo todas, y aquí subrayamos el femenino plural, sabemos que esta premisa es una mentira, porque el capitalismo desde sus inicios ha ignorado en sus balances el trabajo del cuidado, por tanto se ha basado en la benevolencia de las mujeres.

La implantación de una renta básica de universal es una herramienta para acabar con esta injusticia, liberara a muchas mujeres de la dependencia en la que ahora viven y será por tanto una herramienta eficaz en el camino hacia la igualdad, y para erradicar las violencias machistas que tanto nos preocupan.

Y alguien dirá: Pero, con la RBU nadie querrá trabajar, sin embargo hemos comenzado diciendo que  las personas, para ser felices necesitan un proyecto vital. Piensen en los hijos e hijas de los ricos y famosos ¿trabajan? Es posible que ustedes consideren que lo que hacen no vale realmente la pena,  sin embargo cobran ingentes cantidades de dinero por ello, por sus discos, sus diseños o sus memorias. Y es que en realidad a las personas nos gusta trabajar, cocinar, investigar, construir, debatir. Ser útiles a la sociedad de la que somos parte, obtener el reconocimiento de nuestra comunidad es lo que nos permite saborear la vida como un milagro.

jozusurentab

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